FINKIELKRAUT LA DERROTA DEL PENSAMIENTO PDF

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Author:Volrajas Sazshura
Country:Mongolia
Language:English (Spanish)
Genre:Life
Published (Last):10 May 2015
Pages:432
PDF File Size:10.22 Mb
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ISBN:309-4-98470-970-2
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Traduccin de Joaqun Jord Ttulo de la edicin original: La dfaite de la pense A Elisabeth A Batrice A la sombra de una gran palabra En una secuencia de la pelcula de Jean-Luc Godard Vivre sa vie, Brice Parain, que interpreta el papel de filsofo, opone la vida cotidiana a la vida guiada por el pensamiento, que denomina asimismo vida superior.

Fundadora de Occidente, esta jerarqua siempre ha sido frgil y contestada. Pero hace poco que tanto sus adversarios como sus partidarios reivindican la cultura. En efecto, el trmino cultura tiene actualmente dos significados. El primero afirma la preeminencia de la vida guiada por el pensamiento; el segundo la rechaza: desde los gestos elementales a las grandes creaciones del espritu, acaso no es todo cultural?

Por qu privilegiar entonces stas en detrimento de aqullos, y la vida guiada por el pensamiento ms que el arte de la calceta, la masticacin de betel o la costumbre ancestral de mojar una tostada generosamente untada con mantequilla en el caf con leche de la maana? Malestar en la cultura.

Est claro que nadie, actualmente, desenfunda su revlver cuando oye esa palabra. Pero cada vez son ms numerosos los que desenfundan su cultura cuando oyen la palabra pensamiento, El presente libro es el relato de su ascensin, y de su triunfo. Su tema: el cataclismo de los conceptos morales en quienes educan al mundo. Denuncia la alegra con la que los servidores de la actividad intelectual, en contradiccin con su vocacin milenaria, desprecian el sentimiento de lo universal y glorifican los particularismos.

Con un estupor indignado, comprueba que los eruditos de su poca abandonan la preocupacin por los valores inmutables, para poner todo su talento y todo su prestigio al servicio del espritu local, para azuzar los exclusivismos, para exhortar a su nacin a cerrarse, a adorarse a s misma, y a enfrentarse contra las dems, en su lengua, en su arte, en su filosofa, en su civilizacin, en su "cultura". La cultura: el mbito en el que se desarrolla la actividad espiritual y creadora del hombre.

Mi cultura: el espritu del pueblo al que pertenezco y que impregna a la vez mi pensamiento ms elevado y los gestos ms sencillos de mi existencia cotidiana. Este segundo significado de la cultura es, como el propio Benda indica, un legado del romanticismo alemn. El concepto de Volksgeist, es decir, de genio nacional, hace su aparicin en , en el libro de Herder Otra filosofa de la historia.

Pauvert, , p. Ibid, pg. Pero en tanto que Montesquieu mantena cuidadosamente la distincin entre leyes positivas y principios universales de la equidad, nada, en opinin de Herder, trasciende la pluralidad de las almas colectivas: todos los valores supranacionales, sean jurdicos, estticos o morales, se ven desposedos de su soberana.

Herder se empea en terminar con ese error secular de la inteligencia, consistente en descontextualizar las obras humanas, en extraerlas del lugar donde se han producido, y juzgarlas a continuacin a partir de los criterios intemporales del Bien, de la Verdad o de la Belleza. En lugar de someter los hechos a normas ideales, demuestra que tambin esas normas poseen una gnesis y un contexto, en suma, que son nica y exclusivamente hechos. Remite el Bien, la Verdad y la Belleza a su origen local, desaloja las categoras eternas del cielo donde se solazaban para devolverlas al terruo donde nacieron.

No existe absoluto alguno, proclama Herder, slo hay valores regionales y principios adquiridos. El hombre, lejos de pertenecer a todos los tiempos y a todos los pases, a cada perodo histrico y a cada nacin de la tierra, corresponde a un tipo especfico de humanidad. Scrates es un ateniense del siglo V antes de Cristo. La Biblia es una expresin potica -original y coyuntural- del alma hebraica.

Todo lo divino es humano, y todo lo humano, incluso el logos, pertenece a la historia. Contrariamente a los Antiguos, que no otorgaban ninguna significacin vlida a la sucesin de los acontecimientos, Herder apuesta en favor de la inteligibilidad del tiempo. Sin embargo, a diferencia de los Modernos, que parten a la conquista del mundo histrico pertrechados con normas universales, devuelve a la duracin todo lo que se haba credo idntico o invariable en el hombre.

La imagen clsica de un ciclo eterno de violencias y de crmenes le es tan ajena como la idea introducida por Voltaire de una victoria progresiva de la razn sobre el hbito o los prejuicios. En opinin de Herder, no es posible disociar la historia y la razn a la manera de los moralistas que denuncian, con una montona indignacin, la ferocidad o la locura de los humanos. Tampoco es posible racionalizar el devenir, como los filsofos de la poca que apuestan en favor del progreso de las luces, es decir, en favor del movimiento paciente, continuo y lineal de la civilizacin.

La historia no es razonable ni tan siquiera racional, sino que la razn es histrica: las formas que la humanidad no cesa de engendrar poseen su existencia autnoma, su necesidad inmanente, su razn singular. Esta filosofa de la historia exige un mtodo inverso al que haba preconizado Voltaire: en lugar de doblegar la infinita plasticidad humana a una facultad supuestamente idntica o a una medida uniforme; en lugar de desarraigar tal o cual virtud egipcia concreta de su tierra, de su tiempo y de la infancia del espritu humano para expresar su valor en las medidas de otra poca, debemos comparar lo que es comparable: una Alain Finkielkraut La derrota del pensamiento virtud egipcia a un templo egipcio; Scrates a sus compatriotas y a los hombres de su tiempo, y no a Spinoza o a Kant.

Y, en opinin de Herder, la ceguera de Voltaire refleja la arrogancia de su nacin. Si se equivoca, si unifica errneamente la multiplicidad de las situaciones histricas, se debe a que est imbuido de la superioridad de su pas Francia y de su poca el siglo de las Luces.

Al juzgar la historia por el rasero de lo que denomina la razn, comete un pecado de orgullo: desmesura una manera de pensar concreta y provisional al otorgarle dimensiones de eternidad. El mismo espritu de conquista interviene en su voluntad de dominar el ocano de todos los pueblos, de todos los tiempos y de todos los lugares y en la predisposicin del racionalismo francs a extenderse ms all de sus lmites nacionales y subyugar el resto del mundo.

Mete los acontecimientos que ya se han producido en el mismo cors intelectual que Francia aplica a las restantes naciones europeas y especialmente a Alemania. En el fondo, prosigue en el pasado la obra de asimilacin forzada que las Luces estn a punto de realizar en el espacio.

Y Herder pretende matar de un solo tiro un error y combatir un imperialismo, liberar a la historia del principio de identidad y devolver a cada nacin el orgullo de su ser incomparable. Si pone tanto ardor en convertir los principios trascendentes en objetos histricos, es para hacerles perder, de una vez por todas, el poder de intimidacin que extraen de su posicin preeminente.

Al no ser nadie profeta fuera de su tierra, los pueblos ya slo tienen que rendirse cuentas a s mismos. Nada, ningn ideal inmutable y vlido para todos, independientemente de su lugar de aparicin y superior a las circunstancias, debe trascender su individualidad o desviarles del genio de que son portadores: Sgamos nuestro propio camino Dejemos que los hombres hablen bien o mal de nuestra nacin, de nuestra literatura, de nuestra lengua: son nuestras, somos nosotros mismos, eso basta.

En , Herder es un francotirador y el pensamiento de las Luces disfruta -especialmente en la Prusia de Federico II - de un prestigio considerable. Ser necesaria la derrota de Jena y la ocupacin napolenica para que la idea de Volksgeist alcance su autntico apogeo. Alemania -desmigajada en multitud de principados- recupera el sentido de su unidad ante la Francia conquistadora. La exaltacin de la identidad colectiva compensa la derrota militar y la envilecedora sujecin que es su precio.

Con el maravillado descubrimiento de su cultura, la nacin se resarce de la humillacin que est sufriendo. Para olvidar la impotencia, se entrega a la teutomana. Alain Finkielkraut La derrota del pensamiento para justificar su hegemona son recusados en nombre de la especificidad alemana, y corresponde a los poetas y a los juristas demostrar esta ancestral germanidad.

A los juristas les toca conmemorar las soluciones tradicionales, las costumbres, las mximas y las sentencias que forman la base del derecho alemn, obra colectiva, fruto de la accin involuntaria y silenciosa del espritu de la nacin. Incumbe a los poetas defender el genio nacional contra la insinuacin de las ideas extranjeras; limpiar la lengua sustituyendo las palabras alemanas de origen latino por otras puramente germnicas; exhumar el tesoro oculto de las canciones populares, y, en su propia prctica, seguir el ejemplo del folklore, estado de frescura, de inocencia y de perfeccin en el que la individualidad del pueblo todava est indemne de cualquier contagio y se expresa al unsono.

Los filsofos de las Luces se definan a s mismos como los apacibles legisladores de la razn4. Dueos de la verdad y de la justicia, oponan al despotismo y a los abusos la equidad de una ley ideal. Con el romanticismo alemn, todo se invierte: como depositarios privilegiados del Volksgeist, juristas y escritores combaten en primer lugar las ideas de razn universal o de ley ideal. Para ellos, el trmino cultura ya no se remite al intento de hacer retroceder el prejuicio y la ignorancia, sino a la expresin, en su singularidad irreductible, del alma nica del pueblo del que son los guardianes.

Aunque por cierto los revolucionarios haban destruido el Antiguo Rgimen precisamente al grito de Viva la nacin! Escuchad a Sieys: La nacin es un cuerpo de asociados que viven bajo una ley comn y que estn representados por la misma legislatura. Quadrige, , p. Alain Finkielkraut La derrota del pensamiento estaban sometidos a los mismos deberes.

Slo con aquella palabra, Sieys proclamaba el final del sistema hereditario: quienes se amparasen en sus antepasados para reivindicar un derecho especial acorde con su mentalidad particular, al hacerlo se excluan del cuerpo de la nacin. Sin embargo, para integrarse en l, no bastaba con amoldarse a la mentalidad comn. Al decir Viva la nacin! Al privar a los hombres, de entrada, de sus ttulos, de sus funciones o de sus linajes y dictar la disolucin de las superioridades nativas, no pretendan hincarles en su tierra natal.

El desvincular su existencia de la de su casta o de su corporacin no significaba que intentaran dotarles de un espritu especial. Todas las determinaciones empricas se vean fuera de juego, incluida la etnia. Pillando a contrapi su propia etimologa nascor, en latn, quiere decir nacer , la nacin revolucionaria desarraigaba a los individuos y los defina ms por su humanidad que por su nacimiento. No se trataba de devolver la identidad colectiva a unos seres sin coordenadas ni referencias; se trataba, por el contrario, de afirmar radicalmente su autonoma liberndoles de toda adscripcin definitiva.

Desligados de sus ataduras y de su ascendencia, los individuos lo estaban tambin de la autoridad trascendente que hasta entonces reinaba sobre ellos. Sin Dios ni padre, dependan tan poco del cielo como de la herencia. Asociados y no sbditos, estaban, dice Sieys, representados por la misma legislatura. El poder mismo que soportaban hallaba origen y legitimidad en la decisin de vivir juntos y de concederse unas instituciones comunes. Un pacto adjudicaba su ejercicio, fijaba sus lmites y defina su naturaleza.

En suma, el gobierno era un bien que perteneca al cuerpo de la nacin y del cual los prncipes no eran nunca ms que los usufructarios, los ministros o los depositarios. Si determinado monarca haca mal uso de la autoridad poltica que le haba sido confiada por contrato, si trataba el bien pblico como un bien privado, la nacin, como ya indicaba Diderot en la Encyclopdie, estaba habilitada para relevarle de su juramento como a un menor que hubiera actuado sin conocimiento de causa.

Por consiguiente, el concepto de nacin irrumpi en la historia justo cuando se opuso a la vez a los privilegios nobiliarios y al absolutismo real.

La jerarqua social estaba basada en el nacimiento, y la monarqua en el derecho divino. La Revolucin francesa sustituy esta representacin de Diderot, artculo Autorit politique, en la Encyclopdie, Edtions sociales, coll. Esentiel, Alain Finkielkraut La derrota del pensamiento la sociedad y esa concepcin del poder por la imagen de una asociacin voluntaria y libre.

Ah est, precisamente, para los conservadores el pecado original, la presuncin fatal de la que se desprenden inexorablemente la disolucin del conjunto social, el Terror y, para terminar, la dictadura napolenica. Al congregarse con la intencin de hacer una constitucin, los revolucionarios creyeron reiterar el pacto primordial que se halla en el origen de la sociedad. Para establecer el rgimen de asamblea, se ampararon en el contrato social. Pues bien, contestan los defensores de la tradicin, jams ha existido un contrato: un ciudadano no pertenece a la nacin en virtud de un decreto de su voluntad soberana.

Esta idea es una quimera, y esa quimera ha engendrado todos los crmenes. Una asamblea cualquiera de hombres -escribe Joseph de Maistre- no puede constituir una nacin.

Una empresa de ese gnero merece alcanzar un lugar entre las locuras ms memorables. Se ve obligado, de entrada, a insertar en ella su accin de la misma manera que aloja su palabra y su pensamiento en el interior de un lenguaje que se ha formado sin l y que escapa a su poder.

De entrada: trtese, en efecto, de su nacin o de su lengua, el hombre entra en un juego que no le corresponde determinar, sino aprender y respetar sus reglas. Ocurre con las constituciones polticas lo mismo que con la concordancia del participio pasado o con la palabra para decir mesa. Por una parte varan segn las naciones, por otra se las encuentra, no se las construye.

Su desarrollo es espontneo, orgnico e intencional. Lejos de responder a una voluntad explcita o a un acuerdo deliberado, germinan y maduran insensiblemente en el terruo nacional. De la misma manera que una regla gramatical, no proceden de una intencin claramente concebida por una o varias personas: Qu es una constitucin?

Acaso no es la solucin del siguiente problema? Dada la poblacin, las costumbres, la religin, la situacin geogrfica, las relaciones polticas, las riquezas, las buenas y las malas cualidades de una determinada nacin, hallar las leyes que le corresponden.

No es un problema que puedan resolver las personas con la exclusiva ayuda de sus fuerzas; es, en cada nacin, el paciente trabajo de los siglos.

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