LA CRUZ EN LA VIDA CRISTIANA NORMAL WATCHMAN NEE PDF

No lavamos y planchamos ropa que estamos por tirar. Cada vez que me allego a El tengo que venir por medio de la Sangre. No hay ayuda por ese lado. Por tanto, tengamos confianza cuando nos acercamos, en virtud de la Sangre. La vida cristiana es nada menos que la vida de Cristo.

Author:JoJogis Togul
Country:Guinea
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):24 April 2004
Pages:219
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ISBN:722-4-65031-733-6
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Nos exhorta a reconocer a Cristo como nuestro Rey, y a permitirle que ocupe su lugar en nosotros, el trono de nuestros corazones, que tan a menudo usurpa la carne. Contiene un estudio acerca de las doctrinas bsicas de nuestra salvacin, del desarrollo espiritual y del hecho de la gloriosa manifestacin de la vida de Cristo en el creyente; todo por la Cruz. Aqul que afronta el problema de una vida derrotada, encontrar aqu el mensaje que necesita, y la victoria de la que debe apropiarse.

Damos gracias a Dios por la buena acogida que recibieron las primeras ediciones del presente libro. Muchos han pedido que incluyramos en sta los otros mensajes que figuran en la edicin en ingls.

Aunque no queramos aumentar mucho el volumen de esta obra, con todo, hemos aprovechado la oportunidad para incluir explicaciones ms detalladas sobre ciertos puntos, explicaciones dadas por el autor cuando hubo abordado el mismo tema en distintas ocasiones. Los otros mensajes que han trado bendicin a muchas almas en diferentes partes del mundo, se han publicado por separado bajo el ttulo de La Cruz en la Vida Cristiana Normal. El hermano Nee To-sheng -o Watchman Nee, pues as muchos lo llaman-, que es destacado ministro de la iglesia en la China, fue encarcelado por el gobierno actual de aquel pas por causa de su testimonio del Seor.

Prisioneros liberados cuentan que oan continuamente himnos que procedan de su calabozo. Por medio de estas pginas, semilla regada sin duda por las oraciones que suban de ese calabozo, nuestro hermano nos llama a seguir en pos de Cristo, a fin de conocerle, y el poder de su resurreccin, y la participacin de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a El en su muerte, sabiendo que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse Fil.

Hacemos bien, al comienzo, en considerar cuidadosamente este tema. El objeto de estos estudios es demostrar que es algo muy diferente de la vida del cristiano comn. Verdaderamente una consideracin de la palabra de Dios -del Sermn del Monte, por ejemplo- debera conducimos a preguntar si tal vida ha sido alguna vez vivida sobre la tierra, salvo nicamente por el Hijo de Dios mismo.

Pero en esta ltima frase est precisamente la contestacin a nuestra pregunta. El apstol Pablo nos da su definicin de la vida cristiana normal en Glatas Ya no vivo yo, mas vive Cristo en m. He aqu su resumen de la vida cristiana: Ya no vivo ms, sino Cristo vive su vida en m.

Solamente una respuesta tiene Dios para cada problema humano: su Hijo Cristo. En todo su proceder con nosotros, l obra desplazndonos a nosotros y colocando a Cristo en nuestro lugar. El Hijo de Dios muri por nosotros para nuestro perdn. El vive por nosotros para nuestra liberacin. As que tenemos dos sustituciones: un Sustituto en la Cruz que asegura nuestro perdn, y un Sustituto en nosotros que asegura nuestra victoria.

Tomemos la carta a los Romanos como base al estudiar la vida cristiana normal, considerando nuestro tema desde el punto de vista experimental y prctico. En primer lugar ser de ayuda destacar que sta seccin de Romanos se divide naturalmente en dos partes, y notar a la vez la sorprendente diferencia entre los temas de cada una de ellas.

La primera termina en el verso 11 del captulo 5 y la segunda en el fin del captulo 8. La primera se dirige a los pecadores, y la segunda a los creyentes; y hay considerable diferencia entre las dos. Por ejemplo, en la primera seccin se usa la palabra pecados repetidamente; en la segunda casi nunca. En]a primara seccin tenemos pecados en el plural; en la segunda tenemos pecado en singular.

Por qu es esto? Porque en la primera seccin es cuestin de los pecados que he cometido ante Dios, que se pueden enumerar, mientras en la segunda es asunto del pecado como principio de vida en m. No importa cuntos pecados cometo, es siempre el mismo principio de pecado que conduce a ellos. Lo primero necesita perdn, lo ltimo liberacin. Aunque alcance perdn por todos mis pecados, todava por causa de mi condicin de pecador no gozo de constante paz del alma.

Cuando al comienzo la luz divina penetra en mi corazn, mi nico clamor es por perdn, porque reconozco que he cometido pecados a su vista; pero, una vez recibido el perdn de pecados, descubro algo nuevo, a saber, el pecado, y me doy cuenta que no slo he cometido pecados delante de Dios sino que hay algo mal en m. Hay una inclinacin interior hacia el pecar, un poder que me lleva al pecado.

Cuando ese poder me vence, cometo pecados. Puedo buscar y recibir perdn, pero luego peco de nuevo. Y as sigue la vida en un crculo vicioso, 4 pecando y siendo perdonado, y volviendo a pecar. Aprecio el perdn divino, pero anso algo ms que eso: Liberacin! Necesitamos perdn por lo que hemos hecho, pero tambin necesitamos liberacin de lo que somos.

Ahora debemos notar otra diferencia. En la primera parte y. En la segunda parte, en el versculo 6 del captulo 6, se introduce un nuevo tema: el ser crucificado con Cristo. La enseanza de la primera parte se centraliza en aquel aspecto de la obra del Seor Jess representado por la Sangre derramada para nuestra justificacin por la remisin de pecados.

Estos trminos no se usan en la segunda seccin, donde la enseanza se centraliza ya en el aspecto de su obra representado por la Cruz, es decir, por nuestra unin con Cristo en su muerte, sepultura y resurreccin. Por qu esa distincin? Es que la Sangre trata con todo aquello que nosotros hemos hecho, mientras que la Cruz procede con lo que nosotros mismos somos.

La Sangre es para expiacin, y tiene que ver con nuestra posicin ante Dios y nuestro sentido de pecado. La Sangre puede quitar, remitir mis pecados, pero queda el viejo hombre.

Se necesita la Cruz para crucificarme a m, el pecador. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo an pecadores, Cristo muri por nosotros. Pues mucho ms, estando ya justificados en su Sangre, por El seremos salvos de la ira Ro. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redencin que es en Cristo Jess; a quien Dios puso como propiciacin por medio de la fe en su Sangre, para manifestacin de su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados Ro.

Comenzamos, pues, con la preciosa Sangre del Seor Jesucristo y su valor para nosotros en tratar con nuestros pecados y justificamos a la vista de Dios. Ms adelante en nuestro estudio tendremos razn de mirar detenidamente a la verdadera naturaleza de la cada del hombre y el modo de recuperarse. Ahora recordaremos que, cuando vino el pecado, encontr expresin en un acto de desobediencia a Dios.

Y debemos recordar que, siempre que esto ocurre, lo que inmediatamente sigue es la conciencia de culpa. El pecado entra como desobediencia para crear una separacin entre el hombre y Dios. El hombre es separado de Dios, quien ya no puede tener comunin con l, porque hay algo 5 ahora que impide y es aquello que es bien conocido a travs de las Escrituras bajo el ttulo de pecado. Es Dios, en primer trmino, que dice Todos estn bajo pecado Ro. Aqu es el hombre mismo quien, con la ayuda de su conciencia despierta, dice He pecado Le.

Pero ms an, el pecado provee a Satans su motivo de acusacin ante Dios, mientras que nuestro sentido de culpa le da su motivo de acusacin en nuestros corazones; as que, en tercer lugar, es el acusador de los hermanos Ap.

Por consiguiente, para redimimos y volvernos al propsito de Dios, el Seor Jess deba hacer algo acerca de estas tres cuestiones: el pecado, la conciencia de culpa y la acusacin satnica contra nosotros. En primer trmino, corresponda tratar con nuestros pecados y esto fue efectuado por la preciosa Sangre de Cristo. Luego ha de tratar nuestra culpa, tranquilizando nuestra conciencia culpable, por la demostracin del valor de aquella Sangre; y el ataque del enemigo tiene que ser afrontado y sus acusaciones contestadas.

En las Escrituras la Sangre de Cristo aparece operando en tres maneras: hacia Dios, hacia el hombre y hacia Satans. Por consiguiente, hay una necesidad absoluta de apropiar estos tres valores de la Sangre, si debemos seguir adelante.

Miremos, pues, a estos tres asuntos ms detenidamente. Necesitamos perdn por los pecados que hemos cometido, para que no caigamos bajo juicio; y son perdonados, no porque Dios pasa por alto lo que hemos hecho, sino porque El ve la Sangre. La Sangre, pues, no es primeramente para nosotros sino para Dios.

Si quiero entender el valor de la Sangre debo aceptar la importancia que Dios le da, y si no conozco algo del valor atribuido a la Sangre por Dios, nunca sabr su valor para m.

En el calendario del Antiguo Testamento, hay un da que tiene mucha importancia en el asunto de nuestros pecados: el Da de Expiacin.

Ninguna cosa explica esta cuestin de pecados tan claramente como la descripcin de aquel da. En Levtico 16 encontramos que en el Da de Expiacin se llevaba la sangre de la ofrenda por pecado al Lugar Santsimo, y all era esparcida ante el Seor siete veces. Esto debemos entenderlo muy claramente. En aquel da la ofrenda por el pecado fue presentada pblicamente sobre el altar en el atrio del tabernculo. Todo estaba a plena vista sobre el altar y poda ser visto por todos; pero el Seor mand que ningn hombre entrara en el tabernculo mismo aparte del sumo-sacerdote.

Fue l solo quien tom la sangre y, entrando en el Lugar Santsimo, la esparci all para hacer expiacin ante el Seor. Por qu? Porque el sumo-sacerdote es una figura del Seor Jess en su obra redentora He. Aun ms, agregado a su entrada, no haba ms que un solo acto, a saber, la presentacin de la sangre a Dios como algo que El haba aceptado, algo en que El poda hallar satisfaccin.

Fue una transaccin entre el sumo-sacerdote y Dios en el Lugar Santsimo, lejos de los ojos de los hombres que haban de beneficiarse por ella. El Seor lo requera. La Sangre es, pues, en primer lugar, para El. Ya anteriormente, en xodo 12 y 13, tenemos el derramamiento de la sangre del cordero pascual en Egipto para la redencin de Israel. Esta, pienso, es una de las mejores figuras en el Antiguo Testamento, de nuestra redencin.

La sangre fue puesta sobre el dintel y en los postes de la puerta mientras que la carne del cordero se comi dentro de la casa; y Dios dijo: Ver la sangre, y pasar de vosotros. He aqu otra ilustracin del hecho de que no era propsito que la sangre fuese presentada a nosotros sino a Dios, porque la sangre fue puesta en el dintel y en los postes donde los que hacan fiesta dentro de la casa no la veran. Es la santidad de Dios, la justicia de Dios, que demanda que una vida sin pecado sea sacrificada en beneficio del hombre.

Hay vida en la Sangre, y aquella Sangre ha de derramarse por m, por mis pecados. Dios es el que requiere que sea as. Dios es aquel quien demanda que la Sangre sea presentada para satisfacer Su propia justicia y es El quien dice: Ver la Sangre y pasar de vosotros.

La Sangre de Cristo satisface perfectamente a Dios. Tiene, por consiguiente, un segundo valor que es para nosotros, los hombres - la limpieza de nuestra conciencia. Cuando venimos a la epstola a los Hebreos encontramos que la Sangre hace esto: Purificados los corazones de mala conciencia He.

Esto es sumamente importante. Miremos cuidadosamente lo que dice. El escritor no nos dice que la Sangre del Seor Jess limpia nuestros corazones y all se detiene en su declaracin. Nos equivocamos si conectamos el corazn con la Sangre precisamente en ese modo. Puede mostrar un mal entendido de la esfera en que la Sangre opera si oramos: Seor, limpia mi corazn del pecado por tu Sangre.

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Watchman Nee - La Vida Cristiana Normal

El apstol no declara aqu algo especial o singular, un nivel ms elevado del Cristianismo. Creemos que esta presentando la norma de Dios para un cristiano, lo que puede resumirse en las palabras: Ya no vivo yo, mas Cristo vive Su vida en mi. Dios lo aclara bien en Su Palabra, la que tiene una sola respuesta a toda necesidad humana: Su Hijo Jesucristo. Nos ayudara muchsimo y os librara de gran confusin el mantener constantemente delante de nosotros el hecho de que Dios contestara a todas nuestras preguntas de la misma manera, vale decir, revelndonos cada vez mejor a Su Hijo. Lo primordial es que tenemos un conocimiento bsico del hecho de la muerte del Seor Jess como nuestro sustituto sobre la Cruz, y una clara comprensin de la eficacia de su Sangre en lo que hace relacin a nuestros pecados, porque sin estas premisas no podemos pretender iniciar nuestro camino. Solamente en la medida en que el Espritu Santo me haga conocer a m el valor que para Dios tiene la Sangre de Cristo, podr yo entrar en sus beneficios y descubrir cuan preciosa es, de veras, aquella Sangre para m.

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La cruz en la vida cristiana normal

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